Camino de Santiago

El Camino de Santiago (en gallego: Camiño de Santiago) es una ruta que recorren los peregrinos procedentes de todo el mundo para llegar a la ciudad de Santiago de Compostela, donde se veneran las reliquias del apóstol Santiago El Mayor. Durante toda la Edad Media fue muy concurrido, después fue ligeramente olvidado y en la actualidad ha vuelto a tomar un gran auge. El Camino de Santiago Francés y las rutas francesas del Camino fueron declarados por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1993 y 1998, respectivamente;1 2 Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa, a la que se unen en 2015 el Camino Primitivo, el Camino Costero, el Camino vasco-riojano y el Camino de Liébana. Además, ha recibido el título honorífico de Calle mayor de Europa.

La Credencial del Camino de Santiago

Para obtener esta certificación es necesario haber realizado parte del Camino de Santiago a pie, en bicicleta o a caballo y acreditarlo a la llegada. Para ello, es necesario haber completado al menos 100 kilómetros a pie o a caballo y 200 en bicicleta.

La acreditación del Camino recorrido se efectúa con la Credencial del Peregrino, en la que se van poniendo sellos o firmas de las parroquias, albergues, refugios o personas representativas de los pueblos por donde transcurre la peregrinación. Si no se tiene esta credencial se puede utilizar un diario de ruta con las firmas y sellos de cada etapa del Camino.

Se puede obtener la Credencial al inicio del Camino en las parroquias o albergues y en las Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago.

La credencial del peregrino es examinada cuidadosamente antes de expedir la “compostela”. Si falta algún sello, existe un error en las fechas, o el peregrino no declara el propósito religioso de su peregrinación, esta puede ser denegada.
La oficina de acreditaciones de peregrinos de Santiago expide más de 100.000 “compostelas” al año a peregrinos de 100 países diferentes.

Cómo Orientarse

Son millones los pasos que a lo largo de más de mil años han recorrido el Camino de Santiago, la ruta santa más importante de la cristiandad y que atrajo durante la Edad Media a millones de europeos y a finales del siglo XX a gentes de todo el planeta.
Después de varios siglos de abandono el Camino ha sido recuperado, y son muchos los peregrinos que desean realizarlo, unos movidos por su sentido religioso y otros llevados por el ansia de aventura.

Una de las primeras cosas que se plantea el futuro caminante cuando decide iniciar la Ruta Jacobea es cómo podrá seguirlo, cómo se guiará. Pues pensando en ellos numerosas personas (las Asociaciones de Amigos del Camino y los habitantes de las poblaciones por donde discurre el itinerario) se han dedicado durante años a señalizar la ruta.

A lo largo del trayecto de los diversos caminos que conducen a Compostela: Francés, Aragonés, Portugués, Cantábrico, la Vía de la Plata… aparecen unas flechas amarillas pintadas en los lugares más insólitos: árboles, pequeñas piedras en el suelo, muros, paredes, etcétera. Estas flechas son a veces más fiables que los libros de mapas.

Esta señalización, la principal del Camino, existe desde 1984 cuando Elías Valiña Sampedro, el párroco de un pueblecito de Lugo, comenzó a pintar las flechas con una pintura amarilla que le regalaron unos trabajadores que la utilizaban en la señalización horizontal de las carreteras. Valiña, además, realizó varios trabajos de limpieza, recuperación de tramos perdidos, enumeración kilométrica, etcétera. Su labor fue tan importante que se le considera el mayor impulsor, promotor y conservador del Camino de Santiago como ruta de peregrinación y turismo.

La correcta señalización del Camino de Santiago es algo fundamental, sobre todo porque su trazado original está sufriendo alteraciones con la construcción de carreteras, las concentraciones parcelarias y la apertura de autopistas y autovías. Para ayudar a evitar confusiones son muchas las personas que se dedican a señalizar las distintas rutas existentes, como las Asociaciones de Amigos del Camino, que llevan más de 30 años trabajando para recuperar la importancia que tuvo en la Edad Media la Ruta Jacobea.

Además de las flechas amarillas, la señal más importante del Camino, hay otras que indican el trayecto a seguir hacia Compostela, como los mojones de piedra, similares a los antiguos mojones kilométricos y que están decorados con las simbólicas conchas sobre un fondo azul, símbolo que identifica el Itinerario Cultural Europeo. Estos mojones o hitos kilométricos marcan la distancia a Santiago.

Algunas de las distintas comunidades por las que pasa el Camino tienen su propia señalización (además de las flechas amarillas). Así, en Navarra, el peregrino se encuentra con las señales GR 65 (Sendero de Gran Recorrido) y sus características franjas rojas y blancas. También se utilizan azulejos con un grafismo de la vieira acoplados a mojones de cemento o a las fachadas de viviendas.

En La Rioja solo se usan las flechas amarillas, lo mismo que en Castilla y León, aunque en la provincia de León se llegó a crear un cartel con un león vestido de peregrino que apenas se ha utilizado.

En la comunidad gallega predominan los mojones de piedra que se encuentran cada 500 metros; es la autonomía mejor señalizada. En 1993, la Xunta de Galicia inició un ambicioso plan para recuperar la Ruta Jacobea y una de sus principales acciones fue la señalización de la misma.

El CAMINO francés

El Camino Francés es el itinerario jacobeo con mayor tradición histórica y el más reconocido internacionalmente. Su trazado a través del norte de la Península Ibérica se fijó a finales del S.XI, gracias a la labor constructiva y de promoción de monarcas como Sancho III el Mayor y Sancho Ramírez de Navarra y Aragón, así como de Alfonso VI y sus sucesores. Las principales vías de este Camino en Francia y España fueron descritas con precisión hacia el 1135 en el Codex Calixtinus, libro fundamental jacobeo.

El Libro V de este códice constituye una auténtica guía medieval de la peregrinación a Santiago. En él se especifican los tramos del Camino Francés desde tierras galas y se informa detalladamente sobre los santuarios de la ruta, la hospitalidad, las gentes, la comida, las fuentes, las costumbres locales, etcétera. Todo está escrito con la síntesis y claridad que necesita una respuesta práctica a una demanda concreta: la peregrinación a Santiago.

Esta guía, atribuida al clérigo francés Aymeric Picaud, evidencia el deseo político-religioso por hacer promoción del santuario compostelano y facilitar el acceso hasta él. Cuando se confecciona este libro, el Camino Francés y las peregrinaciones alcanzan su máximo apogeo y el Camino Francés la mayor afluencia, si excluimos el momento actual. Santiago se convierte en la meta de peregrinos procedentes de todo el orbe cristiano.

Con el paso de los siglos y los avatares políticos y religiosos europeos, el itinerario físico del Camino Francés perdió peso específico. Será a finales del S. XIX cando surja un renovado interés por la temática jacobea, que continúa en la segunda mitad del XX con la progresiva recuperación del viejo itinerario, reconocido internacionalmente como uno de los símbolos históricos de la unidad europea.

El Camino Francés adquiere un trazado preciso en Francia a través de las cuatro vías principales ya descritas en el Codex Calixtinus. Tres de estas rutas (París-Tours, Vézelay-Limoges y Le Puy-Conques) entran en España por Roncesvalles, en Navarra, mientras la cuarta (Arles-Toulouse) entra por el puerto de Somport y continúa hasta Jaca, en tierras de Aragón. El itinerario de Roncesvalles, que cruza la ciudad de Pamplona, se une con el aragonés en Puente La Reina (Navarra).

Desde Puente La Reina, el Camino Francés mantiene un único itinerario que atraviesa localidades y ciudades del norte de España tan significativas como Estella, Logroño, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Castrojeriz, Frómista, Carrión de los Condes, Sahagún, León, Astorga, Ponferrada y Villafranca del Bierzo. El Camino Francés entra en Galicia por la comarca del Bierzo.

CAMINO del sudeste-vía de la plata

Procedente de Andalucía y Extremadura, entra en Galicia por las Portelas do Padornelo y de A Canda, pasa por el sector septentrional del valle de Monterrei y de A Limia hasta llegar a Ourense. En esta cuidad confluyen esta Vía de la Plata y algunos de los caminos portugueses interiores, que llegan a Galicia por los valles de A Limia y O Támega. Este camino se conoce, en el trecho final, como Camino Ourensán.

El recorrido de la Vía de la Plata está íntimamente relacionado con la vía tradicional de Mérida a Astorga por Salamanca y por las ciudades extremeñas, documentada desde la época romana. Pero, actualmente, el concepto de Vía de la Plata se aplica de forma algo confusa al conjunto del eje Sevilla-León. Además de la huella romana, la Ruta de la Plata representa otros valores históricos: se empleó para el comercio de la plata americana llegada a los muelles de Sevilla, se trató de una ruta trashumante muy importante y, además, fue el itinerario de expansión del reino medieval de Galicia-León hacia el sur, en la segunda mitad del siglo XII y en la primera del XIII, en tiempos de Fernán II y Alfonso IX, cuando se creó el concepto moderno de la Extremadura leonesa –el extremo o frontera del reino–.

Desde un punto de vista jacobeo, la Ruta de la Plata empezó a recuperar cierta importancia en los últimos años, sobre todo en la medida que fue señalizado. Otra opción viniendo de la Vía de la Plata tradicional por Extremadura y Salamanca consiste en, desde Zamora, en vez de virar directamente a Galicia por A Seabra –la denominación tradicional gallega de la actual Sanabria–, continuar hasta Benavente y Astorga y allí enlazar con el Camino Francés.

el CAMINO portugués

La peregrinación jacobea desde Portugal se intensifica a partir de la independencia de este país a mediados del siglo XII, aunque presumiblemente ya existía en la época de la alta Edad Media. Desde ese momento, el culto jacobeo y la peregrinación a Compostela, considerada como una de las señas de identidad de la cultura europea, tuvieron en tierras lusitanas una proyección muy importante.

Durante siglos el pueblo portugués contribuyó a esta experiencia colectiva con altos niveles de participación, siempre apoyado con singular fortuna por el ejemplo de reyes, nobles y altos clérigos. Basta con recordar que la mayor parte de la red viaria de Portugal fue testigo, desde el siglo XII hasta nuestros días, del caminar de los peregrinos desde diversos núcleos de población portugueses hasta la meta compostelana. Las motivaciones para esa peregrinación eran religiosas. Pero gracias a este denso y secular flujo de personas que poblaron los caminos de Santiago, también se establecieron entre Portugal y Galicia fecundos canales de intercambio cultural, económico y de pensamiento.

El Camino Portugués en Galicia, en su suave discurrir hacia el norte, hace uso de caminos antiguos que cruzan bosques, tierras de labor, aldeas, villas y ciudades históricas. Senderos que salvan canales de agua a través de puentes de traza medieval. Caminos enriquecidos por la presencia de capillas, iglesias, conventos, petos de ánimas y cruceros, en los que no falta la confortadora imagen de Santiago Peregrino, acompañando al romero.

el CAMINO inglés

Por su situación estratégica, Ferrol y A Coruña son los puntos de partida de las dos alternativas del Camino Inglés. El primer itinerario marítimo conocido, escrito entre 1154 y 1159 por el monje islandés Nicolás Bergsson, describe el viaje desde Islandia hasta Dinamarca, y a pie hasta Roma. Esta ruta marítima la siguieron los islandeses y escandinavos que peregrinaron a Santiago.

Durante el S. XIV y el primer tercio del XV, los británicos emplearon el barco para venir a Santiago. Su presencia está sobradamente probada con las piezas de cerámica y numismática inglesas de la época halladas en las excavaciones de la catedral compostelana.

Las ofrendas al Apóstol son otra huella de la existencia de las peregrinaciones marítimas, la más célebre es el retablo portátil de alabastro donado en 1456 por el clérigo John Goodyear; o la Cruz de perlas donada por el rey Jacobo IV de Escocia (1475-1513).

Los peregrinos contaron con los hospitales de la orden franciscana del Sancti Spiritus, bajo los auspicios del noble Fernán Pérez de Andrade, “El Bueno”. En el tramo que parte de Ferrol se situaban en Ferrol, Neda, Miño, Paderne y Betanzos. En la ruta que parte de A Coruña contaban con hospitales en la ciudad y con los de Sigrás y O Poulo, a medida que avanzaban. Los archivos de estos hospitales dan noticia de defunciones de ingleses, nórdicos, alemanes, franceses e italianos, un dato más que muestra la relevancia de las peregrinaciones por esta ruta.

el CAMINO primitivo

El Camino Primitivo de peregrinación a Compostela fue el utilizado por los primeros devotos, llegados del naciente reino asturiano. Se trata, por lo tanto, del primer itinerario jacobeo, de ahí su actual denominación.

Esta ruta fue seguida posiblemente por el rey Alfonso II el Casto, desde la capital del reino astur, en Oviedo, hasta la tumba de Santiago, en el primer tercio del S.IX. Este monarca fue decisivo para confirmar como pertenecientes al Apóstol Santiago el Mayor los restos aparecidos en Compostela, auspició la fundación de la primera iglesia de la naciente urbe y colaboró en la organización del primitivo culto apostólico. También concedió donaciones e incentivó el establecimiento de la primera comunidad monástica destinada a atender las demandas del culto en el altar de Santiago.

El Camino Primitivo tuvo en la ciudad de Oviedo su principal punto de origen, pero fue seguido también por peregrinos de otras partes del norte de España y de Europa. Fue posiblemente un itinerario seguro y frecuentado hasta que ya en pleno siglo X se consolida el actual Camino Francés desde León, la nueva capital del Reino.

Aún así, la ruta ovetense a Compostela siguió siendo una relevante alternativa, especialmente por el valor espiritual que determinados peregrinos le concedían a la gran colección de reliquias de la catedral de San Salvador de Oviedo y a la basílica de Lugo, con su exposición permanente del Santísimo Sacramento.

el CAMINO DEL norte

El origen de la peregrinación a Santiago por la ruta de la costa astur-galaica se remonta a los momentos inmediatamente posteriores al descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago el Mayor (hacia el 820). Los caminos del antiguo Reino de Asturias fueron pioneros en canalizar peregrinos a Santiago.

La ruta de la costa gozó de una vitalidad semejante a la de los demás caminos jacobeos “primitivos”, antes de que en los siglos XI-XII los monarcas hispanos potenciasen el Camino Francés como itinerario jacobeo privilegiado, vertebrando los reinos cristianos del norte peninsular. La promoción del Camino Francés, no obstante, no supuso la decadencia de los caminos astur-galaicos, ya que se potenció la peregrinación en el tramo León-Oviedo desde finales del siglo XI.

El Camino del Norte no es un camino costero local, para uso exclusivo de los asturianos y riberanos. A través de una ruta medieval se constituye una corriente jacobea internacional canalizada hacia los santuarios de Oviedo y Santiago de Compostela, no tan nutrida, como la del Camino Francés, pero con una vitalidad constatable hasta el siglo XVIII. Estos peregrinos venían por tierra desde Francia, o por mar, recalando en los puertos vascos y cántabros, procedentes de países atlánticos (Inglaterra, Flandes, Alemania y países escandinavos). Después caminaban hacia el santuario de San Salvador de Oviedo y la catedral de Santiago.

Una vez llegados a Castropol, los peregrinos tenían que embarcar para cruzar la Ría de Ribadeo o bordear su margen derecho hasta el puente de Santiago de Abres y así pasaban a tierras gallegas. En la actualidad el puente de los Santos, tendido entre Asturias y Ribadeo, simplifica esta entrada. Una vez en Galicia, la ruta está bien documentada: partía de Ribadeo, puerto en el que también desembarcaban peregrinos, se internaba en los valles de Vilanova de Lourenzá y Mondoñedo, cruzaba las tierras altas y planas de Vilalba y Guitiriz y recibía la hospitalidad del monasterio de Sobrado dos Monxes, antes de unirse en Arzúa al Camino Francés.

las rutas del mar y del río ulla

Esta ruta marítimo-fluvial por la ría de Arousa y el río Ulla conmemora la llegada a Galicia, por mar, del cuerpo del Apóstol Santiago El Mayor, después de su martirio en Jerusalén en el año 44. Santiago fue pescador de Galilea, apóstol de Cristo, evangelizador de Occidente y protomártir del colegio apostólico. Herodes ordenó su asesinato en el año 44.

Antiguas tradiciones cristianas, reformadas por textos medievales, aseguraron que después del martirio, algunos discípulos de Santiago recogieron su cuerpo decapitado y que lo trasladaron a través de todo el Mediterráneo y de la costa atlántica ibérica hasta Iria Flavia, en las proximidades de la actual villa de Padrón. Hicieron la travesía en la célebre “barca de piedra”, que quizás sería una de las naves preparadas para el transporte de minerales que unían Galicia con otras zonas del Imperio Romano. En la iglesia de Santiago de Padrón se conserva el Pedrón. La tradición cuenta que en esa piedra se amarró la barca del Apóstol después del largo viaje.

Los dos discípulos que acompañaron el cuerpo de Santiago hasta Galicia, Teodoro y Atanasio, tuvieron que andar alerta para enfrentarse a la tenacidad de la Reina Lupa y la furia de los romanos acantonados en la ciudad de Dugium (cerca de Fisterra). Con el carro de bueyes que portaba el cuerpo del Apóstol, vencidos los peligros, siguieron su camino hasta enterrar sus restos en el monte Libredón.

La conmemoración anual de la Translatio a través de la Ría de Arousa, promovida por la Fundación Ruta Jacobea del Mar de Arousa, se realiza a finales de julio o principios de agosto.

el final del CAMINO (fisterra-costa da morte)

Esta ruta jacobea  tiene su origen en la ciudad de Santiago y su meta en el cabo Fisterra y el Santuario da Virxe da Barca, en Muxía.

Casi desde el descubrimiento del sepulcro del apóstol Santiago (S. IX), determinados peregrinos decidían prolongar su viaje hasta la Costa da Morte, que era para los antiguos la punta más occidental de Europa, el tramo final de un itinerario marcado en el cielo por la Vía Láctea.

A partir del S. XII, el Códice Calixtino vincula estas tierras con la tradición jacobea y señala que los discípulos de Santiago viajaron a Dugium, actual Fisterra, buscando autorización de un legado romano para enterrar al Apóstol en Compostela y que allí fueron encarcelados. Lograron huir y, a punto de ser alcanzados, cruzaron un puente que se derrumbó al paso de la tropa romana que los perseguía.

La tradición jacobea del finisterrae gallego se fundamenta en dos de las devociones más populares de Galicia: el Santo Cristo, en Fisterra, del que el licenciado Molina (S. XVI) dice que a él “acuden los más romeros que vienen al Apóstol”; y A Virxe da Barca, en Muxía, que según la tradición acudió a este hermoso lugar en una barca de piedra para darle ánimos a Santiago en su predicación

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